Enseñando a tu perro a tomar decisiones

Los humanos tendemos a decidir todo el tiempo por nuestro perro y le decimos qué hacer, a dónde ir, cuándo y qué comer, cuándo jugar y con qué perros sí y con cuáles no, dónde dormir y cuándo salir, prácticamente lo decidimos todo y ¡eso puede llegar a ser muy frustrante para ellos!

No sólo está comprobado que los perros piensan y razonan mucho más de lo que creemos, sino que un perro al que no se le permite tomar sus propias decisiones y que no recibe ninguna estimulación mental es casi seguro que presentará problemas de conducta, mientras que uno que ha aprendido a resolver problemas y a tomar decisiones será un perro mucho más seguro de sí mismo.

Todo comienza desde el paseo, que en lugar de ser un momento en el que el perro tenga actividad mental y se relaje, lo hacemos un verdadero martirio entorpeciendo su libertad de olfatear todo lo que se le antoja y ¿si quiere cruzarse la calle porque percibió un aroma interesante? ¡simplemente no se lo permitimos! No dejamos que tome la decisión de ir a donde quiera y en cambio fijamos una ruta que él tiene que respetar y además pegadito a nosotros ¡Qué aburrido!

Otra situación muy común es que cuando está en casa y empieza a mordiquear, por ejemplo, un zapato, lo regañas sin darle otra opción. En ese caso debes intercambiar el objeto que no debe morder por uno que sí está permitido y entonces le enseñarás a tomar la decisión de morder sólo los objetos que tiene permitidos. En ambos casos, al dejar que huelan durante los paseos y que tengan objetos para mordisquear, le estás permitiendo liberar ansiedad, estimular su mente y entretenerse dentro y fuera de casa.

Los perros que viven en situación de calle tienen que aprender la manera de conseguir comida y de sobrevivir en un ambiente hostil, por lo que todo el tiempo están tomando decisiones (cuándo cruzarse la calle, cómo abrir la bolsa de la basura, dónde refugiarse, etc) y aprenden a resolver muchas situaciones, pero como nuestro perro no tiene que enfrentarse a ese tipo de situaciones, no desarrolla esa capacidad al menos que le pongamos retos. Al tener esta actividad mental, tu perro liberará estrés y se cansará como si hubiera corrido un maratón.

Además de favorecer el vínculo afectivo con su humano, la estimulación mental provee al perro estabilidad emocional. Y es aquí donde se vincula con el tema de los problemas de conducta: un perro que no tiene estímulos mentales, se aburre y empieza a buscar qué hacer y cómo llamar la atención.

EL EJERCICIO MENTAL ES TAN IMPORTANTE COMO EL EJERCICIO FÍSICO.

Si le ponemos retos y es capaz de solucionarlos obtendrá satisfacción y por lo tanto autoconfianza y seguridad. Hacerlo pensar es la mejor herramienta para lograr su equilibrio y debemos hacerlo de manera paulatina y gradual. Estos retos pueden ser:

  • Juguetes interactivos, en los que tiene que buscar la forma de hacer salir un premio para poder comerlo;
  • la educación (enseñarle órdenes básicas que resulten útiles en el día a día);
  • Búsqueda de objetos mediante el olfato.

Debemos considerar al menos 30 minutos de estimulación mental. Primero ayúdale a resolver problemas sencillos, y poco a poco ve complicando la solución.

Juegos de estimulación mental:

Comida embotellada: usa una botella de plástico vacía, hazle algunos agujeros un poco más grandes que el premio o croquetas que colocarás dentro (cuidado con que no queden puntas con las que se pueda lastimar), tápalo y a jugar! Verás lo mucho que se divierte intentando obtener lo que hay en el interior!

Si ves que al principio no entiende muy bien muéstrale que rodándolo pueden salir los premios. Cuando sea un experto en obtener el premio, aumenta la dificultad primero reduciendo el tamaño de los agujeros y luego reduciendo el número de agujeros. (Foto 1)

Foto 1.

Busca tus premios: se trata de esconder sus premios favoritos en diferentes rincones de la casa o el patio (considera que no sean lugares peligrosos donde pueda romper algo o lastimarse – un premio por escondite). Eso estimulará su mente y desarrollará su olfato y capacidad de búsqueda.

Escondidas: para jugarlo tu perro tiene que dominar los comandos “echado” y “quieto”. Eso te permitirá dejarlo echado y quieto en un lugar mientras tú te escondes. Practica primero distancias cortas para que aprenda y entienda de qué se trata el juego. Antes de ir a esconderte, dile quieto para evitar que corra detrás de ti.

Busca el juguete: en una habitación o en el patio o parque esconde un juguete que identifique por su nombre (el más común es “pelota”). Pídele que la busque y cuando la encuentre felicítalo como nunca para que sepa que lo más emocionante ocurre cuando encuentra la pelota.

Kong relleno congelado: utiliza un kong y rellénalo con croquetas y un complemento que sea pegoso y lo más natural posible como: puré de manzana o papa, crema de cacahuate, etc. Mételo al congelador por tres horas y estará listo para que tu perro pase un buen momento y se relaje.

Paleta de sorpresas: llena un recipiente de plástico de poca profundidad, con agua y/o caldo de pollo natural sin condimentos ni sal. Añade trozos de frutas como mango, plátano, papaya, sandía (todo sin semillas y sin huesos). Guarda el recipiente en el congelador. Cuando esté completamente congelado dale el recipiente y deja que juegue con él.

Trucos: enséñale diferentes trucos con refuerzo positivo. ¡Ponte creativo, diviértete!
Aprovecha para practicar obediencia y enséñale cosas nuevas.

Jalar la cuerda: este no es sólo un juego de fuerza ya que si aprovechas puedes enseñarle el comando “suelta” y estarás reforzando su autocontrol emocional. Puedes usar las trenzas especiales hechas para perros o alguna cuerda gruesa. Motívalo diciéndole “muy bien”, “buen perro” y no lo hagas enojar. El chiste es que aprenda que es un juego divertido y no algo para enojarse. Puedes aguantar 10 jalones y luego dejar que se quede con el juguete y lo disfrute. Este juego no se recomienda en perros reactivos, muy nerviosos o que se sobresalten con facilidad.

Juego mental avanzado: Se trata de utilizar una charola para hornear panquecitos, poner en el fondo de algunos espacios un premio y después cubrir todos los espacios de la charola con pelotas del mismo tamaño. Cuando le presentes el juguete, deja que tu perro olfatee, que piense y espera a que él te indique dónde está el premio. Primero puede ser que pegue su nariz a la pelota y entonces levantas la pelota, lo felicitas y permites que tome el premio. Si quieres subir el grado de dificultad, espera a que después de poner su nariz en la pelota correcta, haga otra señal como por ejemplo, poner su pata sobre la pelota.

Finalmente puedes incrementar la dificultad, permitiendo que el perro averigue cómo quitar la pelota para acceder al premio. Yo utilizo pelotas de los 3 colores que los perros pueden distinguir: amarillo, azul y violeta. Si quieres hacer todavía más complicado el juego puedes aprovechar para enseñarle a distinguir los colores: cada vez que encuentre el premio di el color de la pelota donde lo encontró.

Pelotas de colores que los perros pueden distinguir.

Recordemos que ellos aprenden por medio de la repetición y de la asociación (mientras más positivo mejor).

Pat Miller, editora de entrenamiento de Whole Dog Journal, propone el ejercicio “Elige”:

  1. Sostén una golosina de gran valor en una mano y una golosina de menor valor en la otra.
  2. Muéstrale ambas golosinas a tu perro con tus manos abiertas. Él puede olerlas, pero no comerlas.
  3. Cierra los puños, di “¡Elige!” Y ofrécele ambas al perro con tus palmas hacia arriba, a aproximadamente 15 cms de distancia.
  4. Cuando “elija” una mano al olfatearla primero, abre el puño y deja que se coma la golosina.
  5. Repite el proceso usando varios premios de valor, asegúrate de que la golosina de mayor valor no siempre esté en la misma mano.
  6. Cuando el perro muestre haber entendido el juego por su entusiasmo para elegir una mano, adáptalo a cosas generales al sostener dos de sus juguetes y permitir que elija uno. (Luego juega con él con ese juguete como un refuerzo de su elección).

Es importante que tu perro aprenda a tomar decisiones en diferentes ámbitos como pedirle que elija por dónde caminar, qué tazón de comida degustar y quizás incluso qué collar y correa le gusta usar. Comienza a ofrecerle opciones verbales como: ¿En el sofá o en el piso?
¡Elige! ¿Adentro o afuera? ¡Elige!

Para Adopta Guadalajara por: Rocío Gómez
Twitter: @rociormx