Los peligros en casa

Los gatos curiosos por naturaleza e inquietos, están expuestos a riesgos muy graves, por consiguiente hay que disminuir al máximo la eventualidad de un accidente simple o grave que pueda originarse por distintas causas en una casa.

El gato posee un instinto de caza muy desarrollado y eso lo convierte en un animal particularmente curioso. Para él cualquier cosa es un pretexto para transformarse en cazador y partir a la exploración minuciosa de cada rinconcito de su territorio, donde hasta el objeto más insignificante puede convertirse en una presa potencial.

Es cierto que a a veces sucede que su curiosidad le puede jugar una mala pasada.

Desgraciadamente, muchos de los objetos que un gato puede descubrir en una casa pueden resultar peligrosos; algunos pueden provocar quemaduras; otros, cortes y hasta indisposiciones repentinas o mortales.

Conviene, por tanto, antes de convertirse en propietario de un gato, intentar aislar las fuentes de peligro para prevenir cualquier accidente.

Cuando se hace adulto el gato es, en la mayoría de los casos, más tranquilo y razonable; pero sólo aparentemente, pues existen “abuelos” de diecisiete años que han conservado el espíritu travieso y que continúan mordisqueando cualquier cosa.

Entre las mayores tentaciones para un gatito está todo aquello que tiene más o menos la forma de un cordel o lo que, siendo particularmente fácil de tomar con la boca, se deje sacudir, mordisquear o arrastrar. Hay que decir que incluso suelen ser los propios amos quienes incitan a los animales a estos juegos, llamando su atención con un corcho atado al extremo de un cordel.

Por esta razón los cables eléctricos constituyen una presa ideal, ya que es muy placentero para un gatito mordisquear el plástico blando, y las consecuencias pueden ser desastrosas: los cables se cruzan y el gato queda fulminado.

Para evitar este tipo de peligros, los cables deben quedar fuera de su vista, ocultándolos bajo canaletas o detrás de un mueble; en el caso de que eso no sea posible, y si el gatito debe quedarse solo, es mejor desenchufarlo todo para evitar un cortocircuito, otra forma de evitar que muerdan los cables es frotándolos con jabón (previamente desenchufado el artefacto), cuando el animal sienta el gusto u olor, dejará de hacerlo. Pero es aconsejable comprobar que el cable no esté pelado antes de volver a enchufar.

No es aconsejable dejarlo jugar o tomar pedazos de cordel, hilos elásticos y ovillos de lana porque, mientras juega, el gato corre el riesgo de enredarse, y estrangularse al intentar quedar libre o ingerirlo provocando obstrucciones intestinales. Se pueden reemplazar por pelotas de papel o de carton blando.

Las bolsas de plástico son “sonoras” y qué divertido es meterse dentro! Atención, sin embargo, existe el riesgo de ahogamiento, se le pueden dar cajas de cartón con varios orificios, donde pueden jugar sin riesgos.

La cocina es el lugar predilecto de gato, porque en este ambiente es donde se sirve su alimento y de donde se difunden olores tan incitantes que lo inducen a subirse a los fogones para ver de cerca qué se está cocinando.

Las hornallas de las cocinas de gas, los hornos eléctricos y las planchas pueden provocar graves quemaduras porque, aunque los gatos evitan acercarse a las fuente de calor intenso, el incidente puede suceder cuando el animal salta de improviso.

La puerta abierta de un lavarropas constituye una irresistible invitación a esconderse en él. Algunos gatos se han quedado encerrados inadvertidamente con las consecuencias previsibles, así que, antes de introducir la ropa en el tambor, es preciso controlar siempre que esté vacío.

Los gatos más listos saben muy bien cómo abrir una heladera, basta con acostarse sobre un lado y hacer presión hacia arriba con el lomo para que la puerta de cierre magnético ceda; los más expertos se sirven de una sola pata, adoptan un aire de absoluta inocencia ¡y a comer!

Para evitar que desaparezcan churrascos, pescados, quesos, y, sobre todo, para impedir que el ladrón se quede encerrado en la heladera, bastará con fijar la puerta con algún mecanismo de seguridad. Así se complica su manejo, sobre todo cuando uno tiene prisa, por cuanto habrá que recordar devolver cada vez a su sitio el mecanismo (naturalmente, este comportamiento debe ser seguido por todos los miembros de la familia), pero es lo más prudente.

Otro objeto que atraerá irresistibiemente al gato es el recipiente de la basura, porque en su interior se encuentran muchas presas: huesos de pollo, espinas de pescado, pero también trozos de vidrio, etc. La mejor solución es una buena tapa imposible de abrir por el minino.

Esté la vivienda en el primero o noveno piso, deben protegerse las ventanas, balcones y terrazas. Al saltar con excesivo impulso mientras va a visitar el vecino o atrapa una mosca, el gato corre el riesgo de una caída más o menos grave. además si cae, y sale ileso, corre el riesgo de extraviarse.

Cualquier objeto punzante (agujas, chinches, clavos y tornillos) debe permanecer fuera del alcance de gato, y sobre todo del gatito; al intentar mover uno de estos objetos con la patita o al aferrarlo con la boca podría herirse; si se lo traga, se arriesga a una perforación o a una oclusión intestinal muy grave. Es necesario, por tanto, cerrar sistemáticamente la caja de herramientas, el cesto de costura, los materiales de dibujo, etc., después de usarlos.

Los medicamentos que no están guardados, sobre todo los que tienen forma de comprimidos, son tan peligrosos para los gatos como lo son para los niños.

La curiosidad puede empujar al animal a ingerirlos, con consecuencias que pueden ir desde un simple malestar a una  intoxicación con posible resultado de muerte.

Otros productos son asimismo nocivos; es notoria la atracción del gato por el olor de la lejía y el de otros detergentes de uso doméstico aunque, afortunadamente, muchos de ellos están perfumados al limón, olor que suele disgustar a los gatos.

En mayor medida que otros animales, el gato se siente atraído por muchos tipos de venenos. Siendo como es, amante de la limpieza, se lame a menudo el pelo y las patas, ingiriendo por esta vía sustancias dañinas que pueden estar accidentalmente presentes.

Si se sospecha que el gato ha ingerido o simplemente caminado por encima de sustancias venenosas, es prudente acudir enseguida al Médico Veterinario; esperar al primer síntoma de envenenamiento puede ser fatal.

Se suele decir que entre las plantas y los gatos es necesario escoger. En ciertas casas es materialmente imposible conservar un simple ramo de flores más de una mañana. En otras, es una planta de interior la que resultará devastada, con las flores mordisqueadas y la tierra desparramada. Se han visto gatos comer vorazmente los pistilos de las flores y, al término de su pastoreo floral, alejarse con todo el hocico manchado de rosa o de amarillo.

Es un comportamiento ciertamente original, pero puede resultar muy nocivo, pues el hecho de masticar las hojas no sólo daña la planta: el gato puede intoxicarse gravemente. Algunas plantas de interior o de jardín contienen sustancias tóxicas, cuya ingestión puede dar origen a numerosos trastornos: irritación y prurito en los ojos y en la piel, trastornos digestivos, renales y cardiovasculares y perturbaciones nerviosas.

Entre las plantas tóxicas que se encuentran frecuentemente en casas y jardines se pueden señalar el ficus, los tulipanes, las azaleas, los rododendros y los ricinos. Cuando el gato se divierte escarbando la tierra de las plantas, el daño es menor, aunque los fertilizantes y plaguicidas presentes en el suelo pueden ser absorbidos por el gato, el cual, tras su devastadora intervención, suele dedicarse a la limpieza de sus patas, ingiriéndoles, así, por esta vía. Si el gato persevera en esta actividad de excavación pese a las tentativas de su amo para disuadirle de ella, es mejor renunciar a las plantas o ponerlas fuera de su alcance.

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