El “Hoarding” o Síndrome de Diógenes

¿Qué es un Síndrome de Diógenes con animales?

Es una patología que lleva a acumular en casa un número desmesurado de animales de compañía a los que no se da una siquiera atención no ya adecuada, sino incluso mínima: ni alimentación, ni agua, ni alojamiento, ni atención veterinaria, ni condiciones higiénicas.

El enfermo no reconoce que sus animales están mal incluso ante niveles críticos y evidentes de desnutrición, deshidratación, infestación parasitaria, proliferación de enfermedades, ataques entre los animales, canibalismo y cría incontrolada, todo ello en un espacio lleno de cosas, orinas y heces.

¿Cómo son estos enfermos?

Tienen la necesidad compulsiva de poseer muchos animales de compañía, más allá del límite en el cual pueden atenderlos de forma mínima.

El enfermo suele creer que está “salvando” animales, sigue recogiendo y llevándose a casa sin freno, y además se opone ferozmente a separarse de ninguno de ellos, ya sea adoptado en una buena casa o para eutanasiarlo si está gravemente enfermo (en casos extremos tampoco quiere separarse de los cadáveres).

Este tipo de persona no es un simple excéntrico inofensivo y bien intencionado, sino alguien con un problema mental muy grave cuya consecuencia es el sufrimiento de sus animales. Si convive con niños o ancianos a su cargo, además, se produce una situación paralela de abuso y de maltrato con ellos.

¿A qué tipo de animales afecta?

Cualquier animal puede ser víctima de estos enfermos. Los informes han documentado una gran variedad de animales de compañía como gatos, perros. conejos, hurones, aves, cobayas, y de animales de granja (caballos, ovejas, cabras, pollos, vacas), así como animales exóticos y algunas veces animales salvajes peligrosos.

Los domésticos son los más habituales en estos casos, sobre todo por la facilidad para conseguirlos y porque tan es más fácil atenderlos que a los salvajes. Los gatos son los más afectados y los que más abundan en el estereotipo. Son más sencillos de coger y de tener en grupo que los perros, y ambas cosas explican por qué son las grandes víctimas.

No es raro que haya varias especies animales juntas, aunque la mayoría de las veces el enfermo tiende a acumular una sola. Las investigaciones no han explicado aún qué factores intervienen para que la inclinación sea una u otra.

¿Cual es el caso conocido que implique a mayor número de animales?

El número de animales no es determinante si no se considera sobre una sola especie. Por ejemplo, no sería complicado tener en casa 500 ratas. Si hablamos de animales de mayor tamaño, se sabe de varios casos en los que había más de 1.000 animales, entre perros, gatos y otras especies.

¿Cómo pueden ser identificados por los veterinarios, a los que intentan engañar?

El Dr. Patronek indica los siguientes signos como elementos de alarma para identificar un posible caso de Síndrome de Diógenes con animales. Esta información aparece recogida por la Asociación Americana de Médicos Veterinarios considerando que puede serles de gran utilidad, dada su cercanía a los animales, para dar la voz de alarma ante un cliente que presenta:

Constante cambio de animales, algunos de los cuales se ven una vez y nada más.
Visitas al veterinario por problemas no demasiado lógicos en alguien que cuida de sus animales, como traumatismos o enfermedades infecciosas.
Rara vez reciben animales con problemas propios de vejez, como procesos cancerosos o problemas cardíacos.
Se desplaza sin problema grandes distancias para ir al veterinario, va a horas algo intempestivas, y tiene varios veterinarios a los que lleva distintos animales, para que ninguno sepa cuantos tiene en realidad.
Intenta tratamientos o cuidados heroicos con animales que acaba de encontrarse.
Perfuma o baña a los animales antes de llevarlos para esconder su olor.
Lleva un animal relativamente presentable y pide medicación para otros que tiene muy enfermos, intentando que el veterinario se la de sin verlos y confíe en lo bien cuidados que los tiene viendo el que ha llevado.
No contesta o no sabe contestar a la pregunta sobre el número de animales que tiene.
Argumenta que se acaba de encontrar al animal que trae y que está en unas condiciones obviamente deplorables, incluyendo un fuerte olor a orina, unas uñas larguísimas y atrofia muscular, lo que indica que no estaba vagando por las calles, sino más bien que estaba recluido en medio de una gran suciedad.
Se interesa por recoger más animales abandonados, y pide datos de protectoras y perreras.

¿Por qué es un problema social?

La primera alarma es la existencia de quejas de los vecinos por maltrato o negligencia con los animales, por los olores pestilentes que salen de su vivienda o por la proliferación de roedores o insectos en la comunidad. Las carencias higiénicas se ven agravadas por la inexistencia de suministros (luz, agua corriente, …), y la vivienda cae por debajo del mínimo de habitabilidad.

El exceso de cosas y las condiciones de saturación general pueden provocar un incendio, y además los niveles de amoniaco en el aire superan en creces lo que se considera seguro. Todo ello supone un alto riesgo para la comunidad a muchos niveles.

¿Cómo afecta a una protectora de animales?

Los casos de Síndrome de Diógenes con animales son una pesadilla para los refugios. Supone de entrada innumerables visitas, controles e intentos de sacar a los animales, y la Administración suele intervenir al final cuando la protectora, desesperada, se ve obligada a llevar el tema a la prensa y a provocar una situación de alarma social.

Pero es que además semejante acopio de animales es más de lo que un refugio puede asumir a nivel logístico y económico: muchos refugios carecen de sitio para meter a tanto animal, máxime cuando muchos están enfermos y deben estar en cuarentena y/o con atención veterinaria.
Y todavía peor, si tantos animales deben estar acogidos muchos meses se reduce o desaparece el espacio libre para poder rescatar animales abandonados y adoptables, y hay que desviar havia ellos unos recursos económicos ya de por sí bastante escasos.

El costo que supone mantener a los animales decomisados mientras dura el proceso es más alto de lo que lo que un refugio puede asumir: un sólo caso de este tipo puede llevar al desastre a una protectora que está dando a la sociedad un servicio imprescindible, y casi siempre en solitario, sin ayuda ninguna de la Administración y en cambio con todo tipo de trabas por parte de ésta y de algunos conciudadanos.

¿Haría falta una ley específica?

Sí. La acumulación enfermiza de animales es un problema complejo y poco estudiado que trasciende la legislación de bienestar animal. Es un tema social que suele afectar a distintas administraciones: salud pública, salud mental, vivienda y sanidad, pero se plantea y afronta casi siempre desde la Administarción como un tema simple de control animal.

Incluso con las leyes vigentes sobre el maltrato a los animales y la regulación del número de animales en las casas por las ordenanzas municipales, estos casos son muy difíciles de resolver /España . Quienes tienen bajo su responsabilidad la aplicación de las leyes de protección animal carecen casi siempre de medios, de fuerzas o de voluntad para intervenir.
Esta ley debería:
Describir y tipificar estos casos como delitos de crueldad, con el agravante de alto riesgo para la salud pública.
Ofrecer soluciones al problema de mantenimiento y atención de los animales decomisados para no echar toda la carga encima de las protectoras.
Restringir o prohibir la tenencia de animales a estas personas una vez procesadas, y mantener sobre ellas un control, ya que la reincidencia es casi del 100%.

La enfermedad y los animales

El Síndrome de Diógenes no es simplemente la acumulación de objetos, sino el almacenamiento exagerado dentro y fuera de la casa, ocupando todo el espacio posible del suelo al techo: es una enfermedad, y quienes la padecen, necesitan asistencia médica.

Quienes lo padecen tienen su vivienda atiborrada de cosas: periódicos, revistas, envases vacios, ropa usada, papel, basura, comida, y a veces animales.

Emocionalmente están ligados a todas y cada una de sus posesiones, y son incapaces de distinguir lo de valor de la pura basura. Les hace sentir bien tener todo eso, y no importan las consecuencias para la salud o la seguridad.

De vez en cuando, oimos hablar de “la mujer de los perros” que va por la calle salvando animales que nadie vuelve a ver. Cerramos los ojos pensando qué daño puede hacer, incluso podemos hablar de ella como una buena persona. Pero si es una acumuladora de animales no sólo puede hacer daño, también puede matar, lisiar y causar una tortura inenarrable a muchas generaciones de animales. Y la acumulación enfermiza de animales es más habitual de lo que la gente cree.

Los ingleses utilizan el término “hoard” (hacer acopio) para definir este tipo de patologías, que nosotros denominamos “Síndrome de Diógenes”, que suele aparecer en las noticias cuando se desaloja a alguien de una casa llena de basura. Esta variable con animales es lamentablemente muy conocida entre quienes estamos en el mundo de la protección animal. Cada año, en España, se producen al menos dos intervenciones en un caso de “hoarding”, en rescates que muchas veces precisan la intervención de varias protectoras además de la policía.

A finales de 1999, se arrestó en Los Ángeles a una mujer y se presentaron cargos contra ella por maltrato: en su casa tenía 600 animales. Cuando entró la protectora, algunos ya estaban muertos, otros estaban agonizando y hubo que eutanasiarlos. La mujer insistía en que estaban bien atendidos y que su casa era limpia, a pesar de las evidencias. Se negó rotundamente a que la Protectora se hiciera cargo de ellos. ¿Por qué? Porque según ella iban a matarlos a todos.

Por definición, estamos hablando de situaciones en las que los animales se ven privados de los mínimos de atención. Las consecuencias varían en cada caso dependiendo de hasta dónde se hayan deteriorado cuando se decubre. A veces, sobre todo en la primera etapa, los signos de sufrimiento son poco visibles, como una cierta delgadez, un pelo no muy brillante o algunos parásitos, pero aunque físicamente el animal esté o no enfermo, sí es cierto que a nivel psicológico este encierro en estas casas es para él un verdadero tormento.

Según se deterioran las condiciones de la vivienda y aumenta el número de animales (porque se recogen más o porque van criando allí dentro) las heces y la orina acumuladas van provocando unos niveles de amoniaco peligrosos, las enfermedades infecciosas pueden empezar a diseminarse sin control, las heridas no se les curan, los enfermos permanecen ignorados tirados en un rincón y empieza a cundir la inanición.

El final de este drama es que los animales mueren por falta de comida y agua, por enfermedades o por heridas no tratadas. No es raro que sus cadáveres queden allí tirados, mezclados con los vivos y con la basura.

Fuente Fundación Altarriba